miércoles, 13 de mayo de 2009

trabalenguas




Lo siento, lo siento, no acostumbro
por mi naturaleza muy canina
a comprender a gatas que hablan umbro
o que bailan la danza filipina.

Puede que nuestra convivencia sea tensa
si un perro que se precie y ladra gótico
quizá para las gatas que hablan persa
pudiera parecer que está neurótico.

Que babel de palabras, que academia
de idiomas y de lenguas mal escritas
y mucho peor oídas, que estropicio.

La interacción de vidas sufre anemia
si en vez de conversar, tan solo gritas
las gatas en latín, nosotros en fenicio.

2 comentarios:

Felisa La Gata dijo...

Mande?

Isabel Romana dijo...

Me ha encantado este soneto. Es muy ingenioso y divertido. Desde luego, las gatas hablan latín. Besotes.